lunes 9 de noviembre de 2009

Destroyer

TRASBORDO EN LA LUNA

Puede ser que Dan Bejar no haya leído ni a Meyerhold, ni a Stanislavski, pero no por eso deberíamos dejar de reconocer su don natural para transmitir a través de la música aquello que algunos actores generan desde del teatro. El humor arbolado de Destroyer basado en el uso intensivo de la dramatización, sostenida por el expresionismo vocal de su cantante, es aquello que engrandece a la banda. Y no precisamente por ser una elección distinta, sino mas bien por su resultado. Esto es la creación de un océano espacial épico, de un mundo fuera de tiempo. Cuando parte la nave ha comenzado a caer el sol. Entonces debo elegir entre un anochecer extraordinario o uno Standard.
Lo que ocurre cuando escuchamos a este músico canadiense, es advertir que el grado de elevación de sus trabajos, es en gran parte astro-náutico. Aunque su altura pueda ser también regulable según los requerimientos específicos de quien esta escuchando.
Predispuestos a una transfusión de astros, vamos incurriendo con serenidad en estos pasajes sonoros, cuyas texturas alcanzan un despliegue aéreo al resguardo de la luz polar.
Destroyer pone en practica una formula de cuidado de intensivo de lo artificial, justificada por esa necesidad imperiosa de aparentar rutinas teatrales muy personales. Por eso la banda no es ideal para disfrutar en cualquier momento del día. Aunque si podemos hacerlo en un día con extracto de noche o la inversa.
La sonda se detiene. Saco la mano por un ventiluz y alcanzo a tocar con el dedo pulgar, lo que creo que es un dije de elefante. Por supuesto alguien ya ha estado aquí. Veamos a donde nos lleva esta flota experimental.

Meteoritos del malabar

Como un buceo resbaladizo o como un oído deslizándose con la incertidumbre de un patinador en medio de una intensa niebla.
Your blues (2004) es un disco con el que nos cuesta mimetizarnos. Pero una vez que lo hacemos se da exclusivamente en un plano superior. Por su atemporalidad puede resultar arisco e incomodo. Pero estas pseudos trabas que experimentamos al comienzo, van desapareciendo a medida que nos adentramos en su poética sonora. Productor de una sofisticada somnolencia, nos invita a vagar por el universo. A explorar un mundo declamatorio y fantástico. Como unas mini vacaciones al costado de la cotidianeidad.
Notorius ligthning desciende como haz de luz en medio de un cielo nublado. Arrolladora es la caída ante la mirada de quienes todavía permanecemos despiertos.

-Como una rareza que pronto incorpora una orquesta celestial.
- ¡Si! … o una regata celeste, podría ser.
- Quizás este sea uno de sus principales distintivos.
Entones la disfrutamos con la tranquilidad de haber dado con un objeto volador identificado. Vuela a ras del mar para levantar vuelo.

-¡Mira para atrás!
-No veo, hay tanto humo. No veo nada

Un Cid campeador posmoderno comienza a cabalgar sobre la cadencia de An actor´s revenge. Es una representación. Sobre las tablas disimuladas como escenario real, Dan Bejar nos da una excelente muestra de su ductilidad vocal, de sus brillos como artista de teatro.
Ahora puedo sostener esta canción en forma vertical. Casi una comunión extra-religiosa con la música. Inconmensurable, gigante, espacial. The music lovers amplia el espectro sonoro de tal forma, que somos hormigas fugaces circulando entre meteoritos y estrellas fugaces.

-Acordate de esto

-The music lovers con seguridad será canción madrina de muchas otras que vendrán después.

-No tengo mucha memoria.

-Es una resolución exacta del momento ese. O una traducción exacta del momento ese, en el que permitimos a la música ser nuestra temporaria conductora por sendas, a veces, indefinibles.
-No se entiende. No aclaras nada.

Como pelota de paddle cruzamos la red para llegar a Your blues, tema que da titulo al disco de Destroyer. Son algunos minutos secretos de introspección. A solas con unos mismo y encima el universo es tan grande… para estar a destiempo de la realidad. Impresionante.

Antesueño

Clarificando un poco mas el panorama, Destroyer´s rubies (2006) comienza a serpentear sobre la tierra. Las canciones se embeben de gracia para cabalgar sobre planicies, ahora más reconocibles. Aunque no por eso dejan de ser poseedoras de un perfume musical ingenioso y elegante.
En el proyector se ve como si fuera un disco de brillantes incrustados en una leyenda urbana. Como si perteneciera vaya a saber por que causa, al imaginario del lejano oeste. Si. Suena más acústico que el anterior, Aunque no dejan de aparecer apliques extraños, detalles electrónicos que te dejan volando.
Rubies derrama por su pico vertedor una soda planetaria desintoxicante. Bien. Arrastrada por un carrisueño. Prepárense para las degustaciones sonoras que nos ofrecerá Dan Bejar. Un John Ford actualizado como programa navegador de Internet.

-¡Demasiado intrincado!

-No se me ocurre otra cosa.

La fortaleza de bar que retiene a Your Blood se desparrama sobre una mesa de patas cuadradas. Algún personaje ebrio intenta evitar este percance, cayendo sobre la sintonía fina del tema. Es música de frontera, de film. Es puro rock country con aroma a riña, a pelea.
Dos segundos después el indicador de sobrecarga titila en el aeropuerto. Las distorsiones son amigables. Hay eco de corridas. Un escueto valijazo punk. 3000 Flowers es aderezada con una bomba de agua salada, necesaria para comenzar el día mas despierto.No se vayan que volví. Delivery del relajo para Priest's Knees. Enseguida. ¡Marche!. Luego un estribillo a lo lejos… repetitivo, descarado, plagado de onomatopeyas.

- ¡Avisa cuando los sándwiches estén listos!

- Es la hora.

Recomendación: Mover la canción-saquito dentro del oído durante quince minutos y retirar. Para lograr un sonido más intenso dejarla reposar por más tiempo

jueves 9 de julio de 2009

Wilco



CAMINATA CON SNORQUEL

Algunas veces, cuando perdemos la insistencia, nos dejamos llevar por las primeras impresiones, por el instante nefasto, por lo primero que cae en nuestras manos. Entonces abandonamos la excursión para dejar de ser exploradores. Otras, en cambio, somos demasiado empedernidos y aunque no haya ninguna certeza de que encontraremos algún pequeño tesoro dentro del cofre, seguimos escarbando.

Que difícil me resulto aterrizar en la pista de Wilco, teniendo en cuenta que solo llevaba en el helicóptero un mapa aéreo con formato de EP denominado Camera. Pero que grato y afortunado fue todo lo que vino después.

Para los que gustan de tomar un café instantáneo en vez de dedicarse con paciencia a moler los granos, les anticipo que estamos ante los cultores de una psicodelia-folk suavizante, escurridiza, por momentos tímida. aquí no hay nada que a nuestros oídos pueda ser servido en bandeja. Lo singular del grupo norteamericano no se nos presenta de manera abierta, descarada, hay que buscarlo.

Que mejor entonces, que tomar una mochila, carpa y cantimplora para comenzar el recorrido y vagar por los sitios que la banda ha impregnado de poesía.

Acampo a orillas de un río cerca de la medianoche. Un pez envolvente de escamas amarillas y verdes, me trae la promesa de un sueño ligero. Cuando despierto sigo en el mismo lugar. Amanezco con la sensación de haberme deslizado lentamente por napas subterráneas. Vuelvo a poner el disco y deshecho la idea de que las composiciones sean descartables.

-¡Innumerables sentidos!

Wilco flota todo el tiempo entre la ilusión y lo real. Es una usina sensible, generadora de emociones estéticas obnubilantes. Aunque lo maravilloso sea en esta música solo un recuerdo que acompaña al espejo de la realidad.

- ¡Recupere las botas que deje en Siberia!

- Que bueno... a caminar.


Wilco te propone festejar la navidad en el suburbio, contemplando como los fuegos artificiales realizan sus destrezas sobre los edificios de la gran ciudad.

Suite confit

En el Hall de entrada el Maitre anuncia que el show esta previsto para dentro de media hora. El viaje ha sido un poco largo.

Estoy en Yankke hotel foxtrot (02) . Una excepción. Habitación 918. Parece que es un reducto de 500 metros cuadrados. No hay demasiada gente. Solo la necesaria. Los ascensores están impecables. Encandilan como si nunca nadie los hubiera usado.

Una chica de melifluos modales se acerca y me dice:

- Te recomiendo subir los 125 pisos por la escalera. La arquitectura es impresionante. Realmente vale la pena.

Le hago caso.

El disco es algo así como un doblar de curva en la ruta lento y parsimonioso. Lo conceptual de Yankee... y la (in) coherencia de los temas por separado y todos juntos, convierte a Wilco en una banda que transforma la sencillez en extrañeza. Pero sin quitar al publico la posibilidad de creer que lo extraño también puede establecer una relación dialógica con lo simple.

- Esas guitarras... tan desprolijas y perfectas.

El hotel del paso del zorro desconcierta en pleno concierto. Nos reconoce y nos recrea como si estuviéramos alojados en ese edificio permanentemente. Nos hace sentir raros en el momento en que decidimos zambullirnos en las frazadas para despertarnos ante un nuevo día.

En cinco minutos debo bajar hasta el cuarto verde petroleo ubicado en el primer piso del hotel. Estoy apurado, es cierto. No debo perderme ningún tramo de esta experiencia circular. Mis ojos no pueden creer lo que ven.

Desde el piso tres escucho el sonido de cacerolas cósmicas, que me hacen levitar sobre una alfombra que probablemente sea turca. Ingreso al lugar señalado cuando una delicada señorita me abre la puerta. El relajo elocuente de la voz de Jeff tweedy me tranquiliza. Luego su canto se convierte en holograma y desciende en forma de espiral hasta el subsuelo del edificio. Arriba de un piano desaparece esta hermosa y desordenada canción. Me voy. Cierro la puerta. I’m trying your break your heart.

!Aja!

Una luciérnaga titila en el fondo de Camera para comunicarnos que el tema coquetea con don hit. Por suerte no pasa de una simple insinuación. Mejor para todos. Creo. Hay mas tiempo para disfrutar sin quitar nada a nadie.

Continuo con el viaje. Salto de a tres escalones hasta dar, luego de cruzar un puente, con el salón de entretenimientos ubicado en otra estructura paralela. Por la puerta de servicio ingresan ondas celestes de una electricidad movilizante. Entonces War on war me da un cachetazo inesperado. Mi paladar óptico detecta un par de pupilas humedecidas. Son las mías.

Mas arriba me reciben con un cóctel. Ya me reconocen. Soy el nuevo residente. Hay violines y una atmósfera capaz de sensibilizar hasta el mas

celebre de los idiotas. Unas pocas notas y vuelta a nublarse la vista. No hay pañuelos. La premisa es dejar que las lagrimas corran libremente por el cuerpo.

Jesus, etc están hoy en este sala para armar minuciosamente una de las canciones mas orgánicas de Wilco. Debo irme ya, a un lugar que esta bastante lejos.


Escarpines

Adentro todo es impalpable, invisible. Claro. No hay yemas, ni claras. Solo un puñado de canciones que superan la marca del Hotel anterior. Aunque mas intrincadas. Sera necesario quintuplicar el aumento de los lentes para ver mejor. Algo esta llegando. Con cascara desorientadora. Ahi viene A ghost is born (04) anunciando un festin... silencioso. Nadie sabe donde queda y sin embargo todos estan invitados.. Solo es cuestion de desplegar las velas del barco y dejar que el viento haga lo suyo. Buen trabajo. En este disco hay de todo. Alguien me grita desde el mastil.

- ¡Tierra a la vista!

- Tiremos el ancla.

Un fantasma nace nos ofrece lo mejor de Wilco de manera subyacente. Hay que dar vuelta la media y renunciar a todos los esquemas para empaparse de su lógica e intuición internas. Partiendo de cero. Borrando toda la información que hay en el disco rígido. Tal vez necesitemos escucharlo una, dos, tres, cuatro y mas veces hasta conocer un poco mejor a ese fantasma que ya nos conoce, sin que nosotros hayamos tenido ningún conocimiento,

sobre su proceso de gestacion, sobre su futura existencia. Vale pena. No hay ascensores, ni autos, ni aviones. Tenemos el pasaporte. Una vez en la isla desaparece la rapidez. No existe la Dromología. Debemos trasladarnos a pie.

En una sala de espera triangular, la voz de tweedy se mece lentamente. La vida esta llegando, pálida, tomando impulso con el refrito galáctico de las guitarras de At least that what you said. Pequeño fantasmita del disco al que todos prestan sus casas pero no las llaves.

El sol cae al mar como limón de pluma a una pileta. Se puede ser intrigante y adornar el suspenso de manera tal, que el desenlace, desborde rock-on por los cuatro lados. ¡Si!. Se puede ser tan calmo y desesperante como Spiders (kidsmoke). Solo para escuchar unos acordes tan glamorosos como los que aquí encontramos.

Brummmm.

El bajo movedizo de Handshake drugs nos cautiva de manera instantánea. Para ver que hay debajo de la pared, los invito a rasquetar la pintura añeja de un tema que podría pasar por una simple pieza folk.

Preparo los bolsos.

El viaje ha concluido.

La lluvia es horizontal durante los viajes en subterráneo. Linea A con destino a las estaciones siete y ocho. Whishful you think y Company in my back proponen hacer de las emociones un ciclomotor vagabundo.

En aeroplano se me ocurre que si estos dos discos fueran jamón del medio, las tapas de pan fresco con semillas de sésamo, podrían ser Summerteeth (1999) y Sky blue sky (07). Un manjar. Vaya si lo es.

Afuera leo mientras llueve. Al aire libre nos sorprenderá Wilco la semana que viene, cuando intentemos atrapar nuevos sentidos en cada uno de estos álbumes.

Hasta entonces.



viernes 13 de marzo de 2009

The Magnetic Fields



EL ULTIMO QUE LLEGA PRENDE LA LUZ

Hace algunos años escuche hablar de un tal Merrit. De su inagotable capacidad creadora. De sus múltiples y multanimes bandas. Era obvio. Su nombre no paraba de circular en el (in) visible mundo de la música.
The Magnetic Fields parece trabajar sobre un estado de la oscuridad fluorescente, casi luminoso. En algunos casos transforma la angustia y las tribulaciones del hombre, en pura bondad, manifiesta a través de las canciones.
La impresión inicial es desconcertante porque estamos frente a un microcosmos sonoro insospechable.
La singularidad de los discos nos aparta del espacio y tiempo actuales, para transportarnos a un campo anacrónico.
No seria tan desatinado decir que Los campos magnéticos, es un grupo amnésico de sus contemporáneos. Por eso no sabemos en que lugar de la historia ubicarlo. Porque Sthepen Merrit traza su propio espacio paralelo.
Su voz carga por un lado con un bagaje de monotonía y retraimiento que la convierten en una manifestación semi-automática. Fácilmente podría ser un actor de Robert Bresson, que en vez de actuar, despojado de toda experiencia dramática, cantara. Por otra parte y casi rozando el límite de la contradicción, tenemos a un Merrit que se vuelve más lírico y expresivo, con una teatralidad a cuestas que subraya el lado más kistch de la banda.
Por su variedad de componentes, con sonidos viejos superpuestos provenientes de sintetizadores llenos de polvo, puede resultar tan barroca y atractiva como una porción de torta húngara.
Y al final, después de todo, The Magnetic Fields nos deja una puerta abierta, un silbido de confianza. Porque con su tímida alegría no logra que desaparezca la angustia. Pero si nos incita a buscar en nosotros mismos para saber como evitarla.

Es la primera vez que vengo a esta playa

(…) Primero quedamos en que Holiday iba a estar listo en una semana. Cuando llego la hora…

-El ploglama lento, lento… no responde- me decía el chino de vestimenta occidental que había instalado el cyber en diagonal 80.
- ¿En diez o quince días le parece?
- Palece, palece… no entende.
- El disco de Magnetic fields ¿se acuerda?
- Ahh, malnetic, si (el olor a incienso me estaba quemando los pulmones)

Pasaron los días y la agilidad tecnológica oriental comenzaba a desmitificarse.

-¿No esta? Bueno…
- Ploglama lento, lento
- El Tao, el Tao, Lao Tse (ahora me entiende) Chau nos vemos -le digo-.

Hasta que di con el sitio indicado pasaron algunos días. ¿El lugar? Un sombrío espacio de alfombras deshechas ubicado en calle 56. Cualquier disco por extraño que sea, podía ser bajado allí a un módico precio.

Que bueno es volver a los años ’20 sin moverse del lugar, sin salir de la vieja poltrona. BBC Radiophonic Workshop es puro sonido. Arranca Holiday con una introducción-cóctel para una Josephine Baker computarizada.
A ver. Existen dos tipos de rarezas musicales. Aquellas que, por decirlo de algún modo, viven dentro de un ecosistema determinado y las que sobreviven fuera. Strange powers, al igual que su video, parece pertenecer a la segunda porque te deja sin reacción, perplejo.
La cuestión del Quid.
Desert island suena como si estuviera tocada en vivo y con desperfectos en los cables, en el tablero, en los instrumentos. O como si la escucharas desde una terraza ubicada a media cuadra del teatro en donde los magnéticos están rodando. Un efecto bullicioso, una meseta confusa para una melodía adhesiva y tonificante.
Nueva York y Londres se unen para dar vida a dos temas tapizados con algodones similares a nubes naranjas, azules y verdes. Una panorámica especial para cuando atardece y un robot tan sensible como la región del imán que atrae a las partículas de hierro. Las magnetitas son Tom green velvet eyes y The flowers she sent and the flowers she say she sent.
Encontré en un bolsón tres tapes y un par de polainas con perfume de los años ’80. Arriba del escenario un grupo de gimnastas, recrean Deep sea diving suit y Swingin London, animados por el espíritu, porque no, de Luigi Pirandello.
Holiday (1993) siempre nos hace volver para deleitarnos con “Poderes extraños”. Casi de la misma forma en que The pleasure of principle (1979) de Gary Numan, nos arrastraría para pegarnos a Cars. Aunque después nos demos cuenta de que hay mas fruta abrillantada detrás de estas canciones poderosas.


Nada mejor que un par de zancos

No hay hormigas en el postre. Con Get lost (1995) Merrit parece haber cruzado la gran agua. El disco es elegido por la crítica especializada como la mejor producción independiente de ese año.
Las canciones están más pulidas, mejor codificadas. Digamos que podría ser la mejor carta de presentación de grupo (un sonido más limpio, con más aire, aire plumífero). Hay un guiño sutil hacia el público, una mirada cómplice. Por eso entramos sin inconvenientes a la fiesta (parece que ahora estamos anotados en la lista de invitados).
Si querés ser famoso y experimentar el trajín diario de una estrella del under, subite a Famous. La parada y el destino corren por tu cuenta.
Ayer se produjo un aterrizaje voluntario en la luna para experimentar el néctar de la creación, después de haber concretado un proyecto que comenzó siendo algo difuso.

- “Con destino a la tierra parte del anden numero 5…”

Una azafata ¿francesa? Nos recuerda que la estadía en la grandiosa estrella ha finalizado.

-Ya subo, un minuto más…
-Smoke and Mirrors, me dice.


Justo ahí, como si no tuviera control de mi cuerpo, experimento una ascensión muy especial. En medio de espirales de varios colores, veo como una cantidad tonélica de papel picado (Plateado) va cayendo desde la boca de algún planeta, ubicado por encima de mi cabeza.

¡Canción cenit!
Claro que lo es.
Anoto en una libretita de 50 centavos Save the secret for the moon. Hago movimientos con los brazos. Son las 4 a.m. Estoy flotando.

Cuando una hélice se enciende, es verano y el mono fásico trepa por las lianas.

-¿A sí?
-Claro, respondo. No ve que esta sonando Love ligther than air.
-Yo no escucho nada.

… y yo me impregno de una alegría triste, fluorescente.

Me olvide algo. ¿eh? Si. En 1993 la banda edita un disco mortecino, críptico.
Su nombre es The charm of the highway strip. Es el primer Road álbum que haya conocido hasta el momento.
Hay algo que me hace pensar en una conexión con el film Carretera perdida de David Lynch. No se.
Durante cada canción percibo algunos destellos. Rapidísimos. Y otra vez a oscuras. Son las luces delanteras de los vehículos que pasan a más de 200 Km. por hora.
¿Qué mas queda?. Reparar en pequeñas obras maestras como Lonely highway, Born in a train, I have the moon y Two characters in search of a country song. Distintos poblados intermedios, distintas ciudades. “Los autos sufren cuando los días cuajan”, susurro al volante.


Botiquín

Alguna vez dije que el disco triple 69 love songs (2000), me parecía el mejor trabajo de la historia de la música.

-¿No le parece a usted demasiado exagerado?
-Mmm, no. Todavía lo sigo sosteniendo señor antifaz.

En las sesenta y nueve posibilidades del amor no se registra ninguna similitud, excepto una única palabra. Cuatro letras. Porque para el asombro de todos nosotros, cada canción es muy distinta de la otra.
La genialidad en la cúspide. La independencia siempre va pegada a la imaginación.


- ¿Qué hacer ante un disco tan voluminoso?
- Meter todos los temas en una bolsa de consorcio y sacar algunos al azar (falso).


El sentido folklore de Absolutely cuckoo es la bolilla A del volumen 1. Una tarde de campo con empanadas criollas y un baile con pañuelos blancos al aire para cualquier feriado. Es un homenaje de Merrit a la patria gaucha.
Me gustaría hacer el ridículo en un bar, disfrazado de vaquero culto con botas texanas color naranja. Pasos a la izquierda y a la derecha. Movimientos muy ocurrentes (para la carcajada o para un capitulo de La risa de Bergson). El ticket se vende con la leyenda A chiken with its head cut off o The luckiest guy on the lower east side. Las entradas están en venta en todas las boleterias.

Fido, your leash is too long, reproduce el sonido kinético de un dedo mojado refregado sobre el vidrio. Hasta Hammelin sin su flauta encanta y hace mover a las serpientes.
Creo que se puede ser tan melodramático como la interpretación de Roses, aunque muy pocos puedan permitirse ese lujo en un álbum tan lujoso. Así arranca el volumen 2, con lágrimas infames y haciendo caer los dientes permanentes de quien decida cantar este tema.
Siempre al borde del ridículo, ingreso a un boliche con sillones triangulares de jackard que rodean la pista. Allí me muevo con Long forgotten fayretale. Todos se ríen. Yo aplaudo.

- ¡Así se habla!
- ¿Tenés hambre?


Comí un pastel de membrillo para alegrar la tarde y no hubo caso. Quise cambiar de animo con The sun goes down and the world goes dancing… y casi lo logro.

Bolilla A del volumen 3. Ahora soy yo el que dice ¡No entende! Tanta delicadeza para una canción tan respira y como si fuera poco, cantada parcialmente en francés.
Me sigo sorprendiendo.
Me sorprende Underwear.

¿Qué les parecería un electro-reggae del altiplano? (con gorritos coya y todo, los que no tienen pompón). Me mareo pero no importa la altura porque todo confluye en un ambiente de extrema tranquilidad. It's A Crime.
Prosigo con la bolilla C. Es un tema ideal de bajos lingüistas colmado de signos crispados. Las cuatro cuerdas cobran protagonismo en The death of Ferdinand De Saussure.
Escribo con mayúsculas Meaningless mientras me deleito con la melancolía de algún lugar lejano. Yeah! Oh, yeah, cantan a duo Claudia Gonson y Stephen Merrit.

69 love songs. Cosas que dice esta gente.
69 love songs. Un alfajor guiness con tres tapas de hojaldre.



-¿Hace falta que digas todo esto?
-No. Es simplemente un vicio.
-¿Qué te puedo decir?


Podes ser atraído o repelido por la banda, depende de que tipo de metal seas.

miércoles 14 de enero de 2009

The Go! Team



ESTUDIO SOBRE COMO APROVECHAR LAS DELICIOSAS

MIGAS DE UN BANQUETE


Estoy seguro de que en los mal denominados “tachos de basura del rock” encontraríamos cosas interesantísimas. Envoltorios de letras y sonidos que algunos músicos por distraídos o dogmáticos hayan dejado pasar. Sin pensar, claro, en los recolectores, que llegarían mas tarde para revolver, para poner como suele decirse manos a la obra. Haciendo de todo este descarte pequeñas perlas y maravillas.
Porque hacia falta una banda desprejuiciada que compusiera discos desfachatados, alegres y distendidos.
Eso es The go! Team. Un emprendimiento de Brighton cuya especialidad consiste en construir formas musicales con ladrillos huérfanos, vagabundos y a veces despreciados.
Estuve a punto de dejar pasar por alto su primer álbum, con portada y contenido, algo desprolijos. Por cuestiones de velocidad, casi evito esta multiprocesadora maestra. Una batidora de ritmos y melodías muy segura de si misma. Entonces: ¿Cómo ignorarla?
Porque la diversidad de su propuesta estética la hace interesante en si misma. Hay tragos ligeros de los años 50s, 60s, 70s, 80s y 90s. Autos antiguos y deportes de escuela secundaria. Con una energía juvenil que nos sacude y que nos habla de la imposibilidad de no ser alegre durante los minutos que dura cualquiera de sus dos discos.

-¿Entonces la felicidad estaría compuesta por un estadio sonoro edificado con cientos de miles de pedacitos?
-Mas o menos… Mejor diría, que por un exquisito budín ingles
repleto de sobras.
-¡Entiendo! Harina de trigo derramada, azúcar secuestrada por las hormigas, pasas de uva escondidas debajo de la mesada…
- Mejor conseguí algo para sonar. Así te sacas todas las dudas


Así llega. Veloz. Como una remembranza del viejo cine de Hollywood, trivial, pero al que sin duda volvemos, cuando el papel de eruditos nos ha cansado hasta el hartazgo. Porque para divertirnos, esta demasiado claro que no necesitamos de los postulados ni de Michel Foucalt, ni de Jean Paul Sartre.
A los curiosos tal vez les convendría empezar a hurgar en los trabajos de Petula Clark, The Flares, The Bobby Fuller four, The Shirelles, The Rockey Fellers, The Isley Brothers, The Drifters, Gimmy Gilmer, en fin, de ahí en adelante. Prefiero buscar aunque no encuentre nada.


Caramelo múltiple

El servicio meteorológico pronostica para la apertura de Thunder, Lightning, Strike (2004), un viento eléctrico arrasador, contundente, con armónicas muy narrativas para el caso. El disco es un trébol liquido de cuatro hojas que nos sorprende en una esquina cualquiera, con su ensamblaje instrumental emotivo y jocoso.
Un álbum definitivamente joven, con el vigor necesario de una carrera en el tiempo sin bandera de largada. Los Go! Team nos ofrecen, entonces, una muestra gratis de música gimnasta, acróbata, motriz, de salto en largo.


-¡Como unos Tecnotronic que recién no se han levantado!
-Mmmm, no se que decir...


Luz, mucha luz. ¡Ya!. El hecho de que Thunder… sea casi instrumental le otorga cierta legitimidad como banda de sonido de secuencias fílmicas retro, pero muy avanzadas en su tiempo. La instrumentación aparece aquí como voz cantante y la voz solo como acompañante. Casi adquiriendo un papel de reparto.
Ladyflash musicaliza una escena que conjuga liviandad con solemnidad, diversión con tristeza, tecnología con precariedad. Avanzo. Hay scratchs y pistas tecno, simulación de violines, flautas…
Este el es el resultado, un pantallazo de la arquitectura sonora de la banda. Yeah. Yeah, yeah, cantan las chicas.
Sigo revolviendo en el tacho. ¡Cuantos desperdicios!
Meto la mano hasta el fondo… y allí rescato Feelgood my numbers. Alguien me dice que utilice este hallazgo como canción de despedida. Nos fuimos, nos vamos, pero volveremos con una carga subjetiva-sentimental muy fuerte.
Quien en este momento se encuentre nadando en las profundidades del Atlántico, puede encontrar en Bottle Rocket a un aliado ideal para el buen ánimo. Porque en cuestión de segundos, surge una pista giratoria, justo cuando algunas personas han empezado a bostezar en algún típico festejo de viejos compañeros de escuela.

-Encontré esto… ¿Te sirve?
-A ver

Tengo un cántico de abeja sostenido y amplificado. No puedo saltar más alto, ni sacudir tanto la sangre del cuerpo. Es Huddle formation. Sí. Un mapa genético de la emotividad y efervescencia. Representa, en algún sentido, la ilusión de jóvenes que recién han comenzado ha proyectarse en campo del arte.

- Me parece que te estas equivocando.
-Puede ser, es solo un punto de vista.
- Yo la propondría, en cambio, como un pasaporte feliz a Swingning London valido por 40 años.
-¿Eh?

Se cierra la puerta y nos encontramos con una congregación de viejos sabios que pasan álbum a toda su vida en el campo.


-¿A que adivino? Un destello country. Es… Everyone’s A.V.I.P to someone
-¡Estas en lo cierto!
-¿Qué paso con Get together?
- Casi se esfumo por la impaciencia. Creo que todavía sigue estando en esa pradera urbana con Hammelin presente.


Desanimadversion o alegría que recién llego en helicoptero

Por una cuestión casi lógica siempre los segundos álbumes, son más esperados que los primeros.
Proof of you (2007) continua con la búsqueda iniciada en Thunder, Ligthnin, strike. Retrotraimiento y diversión para un sonido que inunda cualquier plataforma de baile. Espuma de afeitar, porras y guirnaldas volando ágilmente por el cielo de la banda.
La formula mágica tiene un solo propósito. El de sacudir y conmover a quienes opten por reproducir el disco en momentos de ocio o esparcimiento.

-¿Lo dicho donde esta?
-No se… ¡Hay vacas en tu techo!

Proof of you, instala una rutina de movimientos circulares hacia ambos lados, sin que sea necesario asistir al gimnasio. Volvemos a ingresar, entonces, a la cancha para festejar la energía que nos contagia. Es un partido de básquet o de fútbol americano. No estamos en el Monumental, ni en la Bombonera. Tampoco en Brighton, Inglaterra. Estamos dentro de un fotograma de los años 50 o 60. Puede que también sea de los años 70.
El partido otra vez vuelve a ser ganado por una diferencia muy grande. Se ve que el rock de la beneficencia ha sido de nuevo muy generoso.
O mejor dicho, es eso otro. ¡Si!. La audacia de los recolectores para dar forma a este segundo trabajo tan esperado.
Grip like a vice arranca con unas guitarras muy Gang of four, para tomar de inmediato un rumbo inesperado. Hay aquí trompetas que se dedican a dar la bienvenida a los atletas victoriosos.

-¿Tenés hambre?
-¿…?


El platillo de entrada a veces cambia de orden. Como si empezáramos primero por el postre para seguir luego con la cena o almuerzo.
El chispazo singular de Proof of you, es sin dudas, Doing it rigth.
Propongo Fake id como plato principal. Una tentadora porción-resto de lomo ahumado, aderezado con pickles y Pixies de oferta, comprados en el mercado central el día anterior.
¡Uhhhh!. Increíble la fuerza y optimismo de Titanic vandalism y The wracht of Marcie.
Improviso algunos movimientos. No puedo contener la sonrisa.
En el entretiempo, en cambio, se escucha por los parlantes del estadio, My World. Tema instrumental introspectivo, porque ahora es necesario recargar las baterías.
Y bueno, que mejor cierre para un regreso triunfal que terminar en algún restaurante de sobras, haciendo toda clase de sonidos con tenedores y copas viejos.
¡Es hora de celebrar!
¡Un brindis hilarante!, dice Patricia’s moving Picture.
Pasa el camión de la basura. Escuchar a The go! Team es una experiencia muy peculiar y gratificante. Similar a caminar en pleno verano por calle Corrientes, y caer de improviso en una pileta de competición, cubierta de soda fría… extra burbujeante.

lunes 20 de octubre de 2008

Architecture in helsinki


EL JUEGO MINERAL DE LOS CANGUROS

Podría caminar sonámbulo por las calles de la capital finlandesa, para tratar de comprender el lenguaje de las distintas formas arquitectónicas, y saber, entonces, cuales fueron las fuentes de inspiración de la banda. Podría hacerlo durante horas. Pero no. Todo esfuerzo seria en vano. Porque este sexteto no tiene nada que ver, al menos en apariencia, con las costumbres, con la cultura de los países nórdicos.
Me convendría, en cambio, empezar a buscar por Melbourne, Australia. El lugar de origen de estos jóvenes innovadores de la música de los últimos años.
En principio no fue tanto el sonido lo que me atrapo, sino más bien el nombre: ¿Yo? Un etimólogo del viento envasado al vacío.
Cuando fui a comprar algo del grupo a una disquería del centro, me miraron con cara de:

- Disculpe señor usted debe estar buscando un manual de arquitectura escandinava. Siga por calle siete, derechito. Le recuerdo que acá solo se venden discos.

Por un motivo que creo no desconocer, me parecería adecuado hacer referencia al titulo del cuento "Viaje a la semilla" de Alejo Carpentier, para tratar de descubrir la esencia de estos músicos que solo tienen en su haber solo dos títulos (ahora son tres).
Me gustaría que se les prestara atención, porque quizás ya estén haciendo historia, sin saberlo.
El retorno al origen, su carácter primigenio, tiene que ver con un tipo de regresión a la infancia.
Algunas palabras surgidas por asociación libre:
Dada, minimalismo, cubismo, transparencia, ¿Sobriedad?, Oriente, Occidente, juntos.
En cuanto a la música en particular, los Architecture sobresalen por una alegre inclusión de la electrónica, por sobre instrumentos de base perceptiblemente analógicos. Una gran fabrica de juguetes, fortificada con proteínas, vitaminas y minerales.
Limpieza de oídos a domicilio.
Cuando escuchamos los discos, nos queda la impresión de que cada sonido esta puesto en el lugar justo. No hay sobreabundancia, ni demasiadas superposiciones que generen distorsión, confusión (a pesar de la variedad de los instrumentos)
¡Los Arquitectura en Helsinki son definitivamente un grupo antiniebla revestido de inocencia!

Vuelo Lacio

Fingers Crossed (2004) comprende un paisaje de armonías que conducen a un estado prenatal, endógeno. Aquí, hay una clara alusión a la estética oriental de chinos y japoneses y en especial al anime, o sea a los dibujitos no desanimados.
En este vuelco interno predomina la tranquilidad y la suavidad de las voces. Con coros pensados para acompañar la fluidez, la métrica sencilla, en general, de las canciones. Nunca se me hubiera ocurrido inaugurar Dedos cruzados con un piano y un pegadizo sintetizador de los años 80, secundado por aplausos rítmicos, bocinas y panderetas. Entonces pienso en One heavy Frebuary como una nube movediza de autitos de colección desodorados. También hay lugar para un charlestón bailado en cámara lenta, mientras cae una llovizna de visones de juguete, numerados con nombre y apellido. Esto es Scissor paper rock.
Toc-Toc. Un toc-toc antológico puede ser escuchado en Spring 2008 a modo de anticipo. A esta altura estoy tirado en un Chaise Longue haciendo malabares con rombos tornasolados. De nuevo hay destellos de una impronta japonesa.
De repente las puertas de la juguetería se abren e improvisamos con sonidos de voces, burbujas y chistidos. Una canción para niños que de manera intempestiva, deciden participar del emprendimiento. The owls go dice el cartel luminoso de este negocio (infante) que se reabre.
En Vanishing aparecen las contracciones. Es menester inhalar y exhalar porque se anuncia el parto. Luz que será representada dos años después con In case we die (2006).


Retrato de notas musicales que no juegan al rugby

El segundo disco es una inequívoca propuesta de educación orquestal, de coordinación, de ensamble. De este modo estamos ante la presencia de un estadío que supera al anterior. Delineando una zona de natalidad, de expulsión. Un trabajo exógeno que celebra el nacimiento. ¡Y que mejor manera de hacerlo que llevando a cabo una fiesta!
¡Alegría! ¡El recién nacido ya asoma la cabeza!
En Nevereverdid las campanas de una iglesia señalan el comienzo de la liturgia australiana. Una cantante lírica y un soprano intentan despistarnos, dando muestras de pura ortodoxia. Pero de a poco el clima va tomando otra temperatura, hasta adquirir la euforia de chicos embadurnados con crema pastelera.
Para bailar no queda otra que adosarse a It’s 5, poseedora de una dinámica casi matemática para la pista. Lo mismo sucede con Do the whirlwind. Parece que a los australianos les gusto esto del pasito escalonado en la zona de baile.
¿Quién no desearía ser elegido para entrar a un cartoon a través de la pantalla de la teve? Los tocados por la varita son una patota de niños que corean Tiny painting con jocosidad, pero sin perder su costado mas cercano a las vísceras.
¡Atentos! Estén listos para ser atrapados por la epopeya oculta en In case we die (part1-4).
Y si. Estos pibes parece que todo pueden hacerlo. Hasta componer un reggae en un paisaje glacial rebozado de pureza e interpretarlo, probablemente, en un Bungalow de la costa de la isla de los canguros. Con un gran salto. En una bolsa pegajosa llamada Rendesvous potrero hill.
Escuchar a los Architecture, es como tomar un vaso fresco de agua mineral y quedar totalmente embriagado.
¿Digresivo?
Mmm…
¡Picollo mondo!
Alguien dijo algo así como que “La arquitectura es poesía congelada”

jueves 18 de septiembre de 2008

The Flaming Lips



LOS MUNDOS IMAGINARIOS

Cuando escuché Rice for the price de Los Flaming Lips, me di cuenta de que alguien ya había pateado el tablero de mando. Casi en secreto. Pero había sido sacudido al fin.
Rice... se presentaba como una canción curiosa, atemporal, en donde la voz del cantante se mezclaba con un sampler que daba la impresión de sonar como si fuera un disco rayado.
Primero: me extrañó esta estética de la imperfección, que entre los principios inconscientes de la banda, parecía funcionar mas como una virtud que como un defecto.
Segundo: Los Labios Ardientes eran portadores de una ingeniería poética pocas veces vista.
Descubrí al grupo por azar, en un canal de cable. Derrapaba una puesta en escena más que llamativa.

- ¿Quién será el que se disfrazó de conejo?
- No se, no me molestes por favor, ¿Eh?

Estaban todos sobre el escenario. Era Canadá, creo. Me pareció ver esa hojita roja en algún lado. De fondo una música de lirismo apocalíptico, precalentaba a los empatizantes para dar comienzo al Dreamshow.
Así fue como detecte a Wayne Coyne con una maquina de aire comprimido, inflando un globo kilometrico relleno de confeti.
La realidad se preparaba para reventar multiplicada en un millón de papelitos. Estábamos por ingresar al mundo de la fantasía, escapando elegantemente del mundo de lo real.
En la palestra una serie de personajes provenientes, quizás, de alguna novela de Lewis Carroll, saltaban y se movían, magnetizados por la cadencia del tema en cuestión.
Esta es la pequeña historia. Una simple anécdota para empezar a recolectar casi todos los discos de la banda.

- ¿De Oklahoma?
- Si. Del mismo lugar.

Ando en frac

Con la salida del álbum The soft bulletin, el publico de flaming lips, comenzó a ampliarse en forma significativa, aunque sin llegar nunca a alcanzar la masividad. El trabajo podría definirse como un experimento multidireccional, como la versión orquestal de las Fabulas de Esopo.
Aparte de Rice..., con su extraña anacronía, el trabajo contiene otras novedades como The spark that bled, canción finamente gasificada y de llamativas aplicaciones a cargo del baterista.
Waiting for superman es el momento utópico del Boletín. Un cierre propicio para la reflexión. La maquina se apaga. Vuelve a sonar…
¿Qué hacen los Flaming Lips?
En su amplia discografía hay coordenadas de rock, punk, pospunk, dream pop, nueva psicodelia, noise pop... en fin, ingredientes ideales para desorientar a cualquier crítico o escucha.
Cuando Yoshimi battles the pink robots comenzó a girar en el acicalado tocadiscos (???), lo primero que hice, fue esbozar una sonrisa. Imagínense a una niña japonesa, dispuesta a librar batalla contra una serie de invasores, en forma de robots rosas.
Más tarde, descubriría que la excelencia del disco, no era una mera contingencia, sino que era producto de una serie de transformaciones a lo largo de más de 20 años de carrera.

- El aprendizaje y la paciencia.
- Eso mismo.

Una banda que atravesó por muchos estilos y que fue reinventándose, derribando todas las estructuras musicales.
¿Qué decir de Yoshimi?
¿Acaso que con este disco la banda podría erigirse como la quintaesencia del rock?

Rosa robot

El inicio da paso a Figth test, que refiere de manera indefectible, a una famosa composición del otrora llamado Cat Stevens. Pero lejos de las comparaciones, Los Labios nos sorprenden con una canción emocionante hasta el hartazgo. Delicada y rustica en iguales proporciones, augura un panorama superlativo, asombroso.
Yoshimi... pte.1 es la carta de presentación, con una edulcoración más que acertada. Yoshimi... pte2, en cambio, una alegoria sonora de ciertas determinaciones bélicas.
El disco podría encuadrar fácilmente en la categoría de aquellos que no se agotan con una sola escucha. Siempre hay algo nuevo por descubrir, porque la “zona de baño” cada vez que se pone en marcha el reproductor, nunca esta ubicada en el mismo sitio.
Planear por el aire con voz nostálgica y adormecida, solo puede permitírtelo In the morning of the magicians, para luego producir un descenso abisal con Are you hipnotist??? de fondo.
Puede que sea demasiado exagerado decir que Do you realice? esconde el secreto de la vida. Pero la verdad es que estoy casi convencido de eso.
Yoshimi battles the pink robots es de una epica tan refinada que podría ser el relato de una batalla librada con gotitas multicolores de agua. Algo así como si alguien decidido a luchar en una batalla, tomara como espada, un pedazo de arco iris.
Cuando termina el disco estoy en Japón. Y eso es bueno, porque nunca había estado antes.
Un análisis de la discografía de la banda resultaría interminable, por eso elegí como corpus de esta nota, los últimos tres discos. Por tratarse, a mi parecer, de una trilogía redonda, casi perfecta.
Pero no por eso olvido Clouds Taste metallic, con joyas tales como The abandoned hospital ship, Christmas at the zoo, Evil will prevail y Bad days. O el energizante Transmissions from the sattelite heart.
Zaireka (Zaire mas Eureka), disco cuádruple para ser escuchado simultáneamente con cuatro equipos de música, merece un capitulo aparte por su carácter vanguardista.

Baya rodeo

Esta especie de tríptico sonoro se completa, entonces, con At war with mystics, en donde los Flaming lips otra vez vuelven a sorprender, encontrando nuevos modos de acercarse a la realidad, a través de universos artificiales, ficticios...
Hasta la voz de Coyne recurre a otros canales de expresión, a otros colores y matices.
At war... se aparta por un momento de la melancolía sideral de Yoshimi... para cuestionar la política de EE.UU., por medio de canciones más vivaces. Un álbum más festivo, menos introspectivo, en apariencia, que los anteriores, pero no menos emotivo.
“En guerra con los místicos” es mucho mas discursivo, claramente en contra de George Bush, haciendo referencia, ya desde el titulo, a una realidad extra-musical.
The yeah, yeah, yeah song es poseedora de una energía que probablemente no provenga del guaraná. Podría ser una versión gospel futurista para evitar próximas guerras. (Inolvidables los falsetes de Coyne).
Un sueño de Prince en el país de las maravillas cabería en Free radicals..., si es que acaso se le ocurriera ponerle algún titulo.
Bailar dentro de un lavarropas lleno de escarbadientes ¿Quién alguna vez no la ha pensado?
The sound of failure hace que tu sueño sea realidad. Por supuesto que graduando la velocidad del artefacto, para evitar algunas complicaciones gástricas.
Desde la cima de una montaña, escucho At the war with mystics.
Me lo imagino como un vendaval de dátiles recubiertos con espejitos de bolas disco.


sábado 16 de agosto de 2008

The Beta Band


PAISANOS LITURGICOS DE MEDIANOCHE


Mi primer acercamiento a The Beta Band fue a través del cine, Un invento sin futuro comercial, decía Lumiere allá por mil ochocientos noventa y pico. Lo cierto es que en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, en el clásico subsuelo de calle 7 de La Plata, proyectaban Alta fidelidad del director inglés Sthepen Frears y no pude dejar de asistir al evento. El protagonista del film, melómano irrecuperable y propietario de una tienda-boutique de música, promete vender en tiempo récord unos cuantos discos de la banda. Allí es donde escuché la pegadiza melodía de Dry the rain, primer tema del EP Champions versions de este cuarteto que mas tarde irrumpirá en la escena con un espíritu renovador. En el Planeta Beta conviven armoniosamente el señor analógico y la señora digital. No hay rivalidad entre las dos modalidades porque ninguna se propone superar a la otra. El trono es compartido aunque sea evidente la jerarquía de uno de los patronos. Los miembros del grupo no han ocultado su desagrado por bandas como Blur, Oasis, Manic Street Preachers y Stereophonics y hasta han declarado en alguna oportunidad estar hartos de la realidad en pro de una música, de algún modo, futurista. Aunque sin atreverse a tomarla por asalto, en sueños la vanguardia merodea cada una de sus propuestas englobadas con la definición de nueva psicodelia. Una discontinuidad espacio-temporal o una continuidad espacial virtual. Como quieran llamarlo. Este es uno de los distintivos de la banda. La exploración de diversas geografías nos sumerge en un ámbito en el que de lo conocido a lo desconocido hay apenas un sólo paso.


3D handicap

En l998 editan The tree Eps, una compilación de tres trabajos de corta duración, que logra alcanzar una organicidad impensada. Dry the rain podría remitir en una primera escucha a alguna canción de Beck, pero a medida que los fonogramas van circulando comenzamos a notar que aquí el pastel sonoro se elabora con ingredientes propios. Una especie de himno moderno escocés con una progresión envidiable. Ideal para tararear un sábado a la madrugada en algún barsucho de mala muerte. Monolith es el registro de un tour surrealista por las cloacas de un hotel africano. De corte safárico, podría ser pensado como un estudio metódico de los sueños. Después de escucharlo diría Breton: “Cabrá esperar que los misterios que dejen de serlo nos ofrezcan la visión de un gran misterio”. Dieciséis minutos cincuenta en los que se incluye también una versión musical libre del matadero de Esteban Echeverría. Matanza y resurrección de vacas profanas que no dan leche y que como si fuera poco, ladran. La gema sagrada de este ultimo EP quizás sea Dr. Baker. Aquí la voz en clave salmódica de Steve Mason nos transporta de inmediato a la antiguedad. El cantante podría ser tranquilamente Veda, el venerable, recitando en forma no tradicional su historia eclesiástica Gentis Anglorum. Un canto gregoriano disidente.


La silla-disco que se va correr para atrás cuando te caigas

En l999 sale a la venta The Beta Band, un primer álbum de estudio que ellos mismos se encargan de definir como lo peor de ese año. Caótico en su totalidad, se nos presenta como un paroxismo de la no linealidad. Un disco licencioso, caprichoso pero sin que estos términos le jueguen en contra. Aburrido tal vez no sea la palabra adecuada para referirse a este debut extraño. Y en ese caso, no estamos ante un grave problema, porque hasta el aburrimiento y el relajo tienen derecho a tener una banda de sonido. Sería demasiado idiota pretender que todos los discos nos alegraran la vida. La virtud parecería residir aquí en su defecto. En ese punto impreciso que es la duermevela, se instalan estos escoceses para pasar de un lado a otro sin pedir permiso, esquivando todos los peajes, con desvíos provocadores y con viajes oníricos inimitables. Si bien el primer rasgo identificable es el de su heterogeneidad, deberíamos pensar después de varias escuchas, que estamos ante una ilusión de fragmentación, porque finalmente puede ser percibido como una totalidad ubicada siempre un paso mas allá de lo audible. Quizás sea el disco más poético, el más intuitivo, el que más riesgos asume. The Beta Band Rap es un sanguche anunciado con rodajas de folk lactal y rockabilly en ambos lados. Una vuelta en calesita o una sesión de tiro al blanco en alguna kermés de barrio, un travelling por las calles del bronx y un baile alocado en algún tugurio de los años 50. It’s not too beatiful nos trae el plano aéreo de una ciudad en ruinas, con ambulancias que se manejan solas y que esquivan persistentes bombas de lava. Una sirena constipada crispa los nervios con su tartamudeo. Un dictamen borroso y destellos épicos que interactúan en esta ópera rock con especias wagnerianas. Las cuerdas vocales de Barry White se rebelan en Dance o’er the border. Que la cena no esté lista a tiempo puede generar reacciones y situaciones diversas. Aquí cada comensal es invitado a abandonar su plato vacío y a subir al escenario para emitir las sonoridades que más le plazcan. Las camareras agradecidas. Un respiro desacostumbrado. Una guitarreada como la de Brokenup... es una guitarreada. Dos o tres leños encendidos, una pila de arena y agua. Palmas enrojecidas o un tratado sobre la perseverancia. Llorar, reír y cantar al mismo tiempo puede generar una compulsión vocal como la de Smiling, muy graciosa por cierto. No quepa la menor duda de que este grupito de adolescentes ha decidido abandonar la escuela para transformarse en personajes-duendes de un video juego. Celebrar hasta que alguien ponga una ficha, parece ser en esta aventura, una decisión acertada. Una dispepsia de sábado puede llegar a ser la causante de una escapada a territorios a los que nunca antes hemos accedido. Levitar en medio de una atmósfera de extrañamiento es en The hard one, una posibilidad y un privilegio que el sueño nos suele ofrecer a diario. Se conjugan la pesadilla y el placer por lo desconocido, en una mirada que se prolonga aun después de la experiencia. Caminar por calles verticales, ser aclamado por un nuevo tipo de vegetación o presenciar un éxodo de cabras negras hacia el abismo es algo que debe ser capitalizado. Aquí el documento de todo ese desliz turístico.


Tercera bolilla en el aire

En The hot shots II (2001) los jinetes se han transformado en baqueanos. El tercer disco es, en cierto sentido, la expresión de un retorno a esas tierras que en principio resultaron enigmáticas y que ahora, siguen siéndolo, pero con un agregado: la soltura y madurez de los foráneos que las recorren. Si el disco anterior puede ser definido como un compendio sonoro de poesías, por primar la inspiración, la intuición, lo anárquico, asistimos aquí a la configuración de un libro musical de cuentos cortos, donde la lógica y el concepto parecen haber conquistado una parte del terreno. La integración de lo heterogéneo ya no se da un plano meramente abstracto, sino que responde a una idea de lo concreto, siempre en función de las leyes que rigen el pequeño universo de la banda. Recibir una invitación tan ocurrente como la de Squares, no es algo que suceda todos los días. El programa comprende un patinaje distendido por el sistema de anillos de Saturno, que muta para esta ocasión, en una pista con forma de cuadrilátero. Una vez erradicado el insomnio no resta mas que soñar, por eso, los habitantes del Valle Delta dan las bienvenida a los cuatro exploradores en Human being. Solemne soledad. La soledad que nos sugiere Gone es tan densa como inabarcable. Imaginemos el estado de oscuridad de alguien que ha sido expulsado de la vigilia para siempre. Una inevitable sensación de vacío y desasosiego para un desterrado, puesto a vagar día y noche por el desierto.


Magiclick

En agosto de 2004 y debido al “escaso éxito comercial”, Beta Band anuncia su separación no sin antes dejarnos el disco más elaborado y pensado de la banda. Heros to zeros (o4), neo-barroco y cautivante, es el punto cúlmine (apoteotico) de estos muchachos que supieron aportar durante 8 años, sugestivas dosis de oxígeno a una escena musical desgastada. Es imposible dejar de advertir el homenaje retro-futurista a U2 en Assessment y la amniótica-espacial Wonderful. En Rhododendron, en cambio, percibimos una especie de coctelera sagrada que nos introduce en una canción de cuna-mambo, acondicionada por un viejo sintetizador, que en otras circunstancias, Gary Numan, les podría haber facilitado. Por último destaco la japonesa y conmovedora Troubles, porque para este cuarto y último disco, debe ser el lector de esta nota el que se embarque en la comprometida aventura de descubrirlo, revelarlo por sí solo. Ah. Además recomiendo escuchar los dos trabajos de Lone Pigeon , el proyecto de Gordon Anderson (Ex miembo de la banda). Tanto Concubine Rice (02) como Schoozzzmmii (04) son discos de una extrañeza insondable que, al igual que Deserter’s songs de Mercury Rev (98) y The charm of the highway strip (93) de Magnetic Fields, nos sumergen en una paranoia lenta y silenciosa, solo para quienes se atrevan a escuchar lo inescuchable. The Aliens es un “acertijo resort” que pronto será revelado. Por el lado de Steve Mason, nos tropezamos con su nuevo emprendimiento solista, King Biscuit Time, que cuenta con un EP titulado No Style y un larga duración de reciente salida Black gold. Pero no desesperen porque volverán. Si. Algún día volverán los cuatro paisanos con su equino alado, y cuando esto suceda, cuando detonen los primeros acordes, las primeras melodías, en el mismísimo mainstream de la música se hará justicia. ¡Sequen la lluvia! ¡Oda en sueños a Beta Band!